lunes, 22 de marzo de 2010

Decepción (2/8)

El agua fue como un elixir divino que bajaba por su garganta, hidratando de nuevo su cuerpo y produciéndole una sensación de tranquilidad que ya comenzaba a extrañar. Eso le dio fuerzas e incluso coraje y se dispuso a no darle más vueltas a la situación. Había tomado una decisión y la iba a llevar a cabo.
Le dedicó una mirada a Manu y vio su lengua acompasada con la respiración entrado y saliendo de la boca del can. Caminó hasta la mesa, tomó su teléfono celular y apretó el número 2 del marcado rápido.
Repicó 7 veces, antes de sonar la tediosa voz de la grabadora, autorizando a dejar un mensaje luego del tono. Apretó el botón rojo y el verde dos veces, en esa misma secuencia. El “La” del tono le resquebrajaba los tímpanos con cada aparición. A la séptima colgó y se dispuso a llamar de nuevo, con cierto estado de desesperación que le comenzaba a invadir el cuerpo. El animo que le había impregnado el agua, comenzaba a desaparecer.
Al cuarto repique, con un nuevo pensamiento en la cabeza, recibió respuesta del otro lado del auricular.
Era una voz melodiosa, candida, casi inmaculada. Femenina e hipnotizante. A Plácido el corazón se le detuvo y comenzó a latir de nuevo. Calmado, sosegado, tranquilo. Las manos seguían sudorosas, pero era otra la razón. Sonrió al darse cuenta de todas las cosas que le hacia sentir esa mujer y reconoció que estaba tomando la decisión correcta.
-Hola, ¿Cómo estas? ¿Qué vas a hacer el día de hoy? Quisiera hablar contigo- dijo él. – Hola, muchas preguntas, ¿no te parece?... Je, je… yo también necesito hablar contigo.
Su voz no sonaba tan calmada como siempre, incluso su risa de terciopelo, acababa de sonar nerviosa. Sin embargo su respuesta había sido mejor de lo que Plácido habría esperado. Él sabía que eso era otra señal, de haber tomado la decisión correcta. Ya no tenía más porque temer. Pronto iba a sacar de su cuerpo lo que tanto le pesaba y por las señales hasta el momento, todo iba a salir a pedir de boca.
-No desayunes, en una hora estoy allá- En la voz de Plácido se notaba la seguridad que lo había abandonado la noche y el día anterior. Una seguridad que incluso minutos antes no estaba allí con él.
-Seguro, será mejor así, antes de que me arrepienta- dijo ella, respuesta que a él le pareció extraña. Pero vio delante de sus ojos, como una película, todo el insomnio anterior, las preocupaciones, los pensamientos, las consecuencias y sonrió. Seguramente, para ella era tan duro como para él, ver el mundo desde esa nueva perspectiva. 

1 comentario:

  1. Cuando leo esto me acuerdo de un libro que difrute hace unos meses El llano en llamas ...de Pedro Páramo

    Este escrito del cual le hablo tiene la peculiaridad de su novela es descriptiva e interesante...Siga publicando queremos saber el final...

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