domingo, 18 de abril de 2010

Decepción (7/8)

Plácido se encontraba tan sumido en estos pensamiento que no atinó a escuchar la continuación de la frase. Sentencia lapidaria que destrozaría su vida. “Estoy embarazada, el padre es Camilo, por eso no me puedo casar contigo. No es justo ni para ti, ni para él, ni para el bebe.”
La vida se le escurrió a Plácido como agua por un desagüe, un derrumbe de sentimientos comenzó en su interior. Una cascada de lágrimas se agolpaban en el borde de los ojos esperando la orden de salida para dejarse caer, en una vertiginosa caída libre. El reloj se detuvo, pero el tiempo continuó avanzando inexorable, contando cada latido como el último. El corazón dudó por un momento en detenerse, pues la sangre, pastosa, espesa, pesada, le hacía su labor muy difícil. La respiración se entrecortó, la nariz colapsó por la presión ejercida por la mucosidad que acompaña al llanto.
El temblor de las manos se hacía cada vez más evidente, a lo lejos, observaba el mesonero desde la barra, sin ganas de acercarse y con la bandeja con los jugos al hombro. Para Plácido y para ella el mundo se había detenido, pero para el resto del mundo ellos eran un caso indescifrable, intocable. Y el mesonero pensaba, ¿Qué hago con los jugos?
Ella, al verlo tan consternado, apuró las respuestas a las preguntas que él no podía construir ni formular.- Fue la vez que te fuiste de viaje, nos encontramos, bebimos de más… sólo fue esa vez.- En su cara el arrepentimiento pintaba los gestos de dolor que acompañaban a las palabras. Ella no hubiese querido que terminara así.
En el rostro de Plácido, la violencia le enarcaba la cejas. Poco a poco, como una droga alucinógena, se apoderaba de sus sentidos, nublándolos. Apartando al sano juicio, apartando el raciocinio, la venganza tomaba un lugar privilegiado en el cerebro. En su mente un sinnúmero de imágenes violentas, teniéndola a ella y a Camilo como protagonistas, comenzaban a proyectarse. Las manos temblaban menos y se movían con una dirección determinada sobre la mesa. Ella sintió miedo al reflejarse en los ojos vidriosos de Plácido y retrocedió, siendo detenida por el espaldar de la silla. Sus manos se apartaron de la mesa y buscaron protección en su regazo. Y con su mirada, siguió el recorrido lúgubre de las manos de Plácido que se detuvieron sobre las llaves del carro.

1 comentario:

  1. No puedooooo con ellaaaaaaaaaaaaa, que mala, que egoista, que dura... oseaaa como le hace eso al pobre de Placido... Por eso es que existen hombres malos por culpa de mujeres como ellaaaaaa!!!.. MArtin excelenteeeeeee todos tus capitulos me encantannnnnn!!!! MAS MAS MAS MAS MAS MAS... te quieroooo un besito!!

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